feb 16 2012

Primer destructo. Rostro y perfil.

Publicado por Gilberto Salas en Filosofía


Ruptura

Un destructo es un destructor de un concepto, que al destruirlo permite un nuevo replanteamiento de un problema. Los conceptos sirven para solucionar problemas y el mayor problema en ortodoncia es lo que quiere el cliente. ¿Quiere nuestro cliente estar en clase I de Angle o estar bien estéticamente? Una respuesta convencional a esta pregunta es que existe un equilibrio entre la funcionalidad de la clase I de Angle y el equilibrio estético del cliente, pero esto es una falacia. Muchos casos que han terminado de clase I, muy correctos dentro de la clasificación paradigmática de la ciencia ortodóntica, no tienen perfiles estéticos ya que han sido tratados valorando esta clasificación que no el perfil de nuestro cliente.

Entonces, cuando entra un cliente por la puerta de nuestro despacho, no se sienta directamente en el sillón dental. Estamos destruyendo el concepto clasificatorio de Angle, con todas las preguntas:

¿Me gusta el perfil y el rostro del cliente?

¿Se puede mejorar con la ortodoncia?

¿Puede empeorar con un tratamiento de ortodoncia?

¿Cómo participa la lengua y el tono de los tejidos blandos en el perfil?

Si es un adulto, ¿qué opina de su perfil y de su rostro? ¿Le gusta? ¿Se ve arrugas? ¿Se lo ve hundido? ¿Qué características se observa en su perfil? ¿Desviación de la mandíbula? ¿Un ojo más grande que otro? ¿Y su nariz? ¿Es pequeña, normal, grande? ¿Le gusta?, ¿Labios delgados, gruesos?

Si es un niño, ¿qué piensan los padres? ¿Lo ven “morrudito”? ¿Lo ven con la mandíbula adelantada? ¿Chatito?. Los padres no suelen ser muy objetivos, pero sí que nos pueden dar unas valoraciones que nos permiten mejorar el perfil del niño.

Todas estas preguntas van dirigidas a realizar un análisis de lo que quiere el cliente, y por tanto, de cómo trazar un protocolo de tratamiento que se relaciones estructuralmente con los otros destructos.

A partir de aquí, una vez anotadas todas estas respuestas, se realiza una serie fotográfica de 15 fotos y un video adicional de pocos segundos, hablando y sonriendo del cliente. Ello nos dará mas información para destruir cualquier pensamiento que vaya a favor de una clasificación premeditada y nos acerque a una valoración individualizada del perfil estético y las posibilidades de mejoría del rostro de nuestro cliente. Al fin y al cabo eso es lo que quiere y va a pagar por nuestros servicios.

Asimismo, la telerradiografía es un apoyo interesante, con dos parámetros. la línea S de Rickets, que valora la posición del labio inferior y la línea A-Pg que valora la posición de los incisivos inferiores. Estos parámetros nos orientan para determinar qué línea de actuación de tratamiento conviene para nuestro cliente en la mejora de su perfil.

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feb 09 2012

Destructos en ortodoncia

Publicado por Gilberto Salas en Filosofía


Atravesando el plano conceptual

Un destructo es lo contrario a un constructo, que destruye a este, y un constructo es un concepto.  Los conceptos son construidos por el hombre sea como un universal o como un yo propio. El problema está en que los conceptos universales se transforman en verdades axiomáticas imposibles de cambiar. Eso ocurre con la denominada clasificación de Angle.

La clasificación de Angle se realizó como un concepto que agrupaba una serie de problemas que entraban dentro de las llamadas maloclusiones y que se caracterizaban por una propiedad muy concreta.  Esta era la posición del primer molar en la oclusión al cerrar la boca.  En base a este concepto, se desarrolló la ortodoncia del siglo pasado, pero hoy en día continúa siendo el factor determinante para realizar un tratamiento de ortodoncia. Es un concepto que a fuerza de utilizarlo ni se replantea y se continúa enseñando en las escuelas de odontología y ortodoncia.

Si a un chaval de la escuela o facultad de odontología se le pide que haga un diagnóstico de una cliente, sí cliente de ortodoncia, irá directo a ver la relación molar y condicionará toda su recopilación de datos y parámetros a este resultado. Ello implica que si al cliente lo han marcado en clase II y Fulanito de California , dice que hay que quitar premolares para conseguir la clase I pues lo que diga el americano está bien dicho.

Para romper este concepto hay que emplear los destructos y no son mas que las interpretaciones que nos piden nuestros clientes. Si uno de ellos me dice que su cara y su sonrisa no les gusta después de un tratamiento, yo no le puedo explicar que sus dientes están en clase I. Mi cliente quiere soluciones estéticas y no que me deje guiar por Fulanito de California, que sabrá mucho pero no es de mi pueblo. Fulanito el de guayando me gusta mas.

Primer destructo.  ¿Me gusta el perfil? ¿Le gusta su perfil a mi cliente?

Segundo destructo. ¿Me gusta la sonrisa? ¿Le gusta su sonrisa a mi cliente?

Tercer destructo. ¿Tiene los dientes apiñados? ¿Qué grado de apiñamiento aprecia mi cliente?

Cuarto destructo. ¿Los caninos son funcionales? Esto es para uso personal en el diagnóstico.

A partir de aquí, todos los destructos son desglosados, analizadas sus causas, cada uno de ellos en modo árbol. Posteriormente se sintetizan para individualizar el protocolo, sabiendo que cada seis meses hay que replantear el tratamiento, los subdestructos.

Sheridan de Nueva Orleans, decía que los conceptos son realizados por el investigador para ofrecerlos al clínico y que este empiece a utilizarlos, ya que no tenemos tiempo por nuestro trabajo clínico.  Creo que si algo tenemos es tiempo, ya que yo soy tiempo. El tiempo medido es otro concepto universal y yo soy su destructor. Por eso, creo que debemos pensar en mi yo como tiempo y su relación con el otro como su propio tiempo, para una nueva interpretación del hombre propio. A esto Heidegger lo llamó Dekstruction.

Este post está dedicado a @ una paciente.

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nov 30 2011

El valor de la crisis

Publicado por Gilberto Salas en Perspectivas

No creo que haya un dentista en España que no haya notado los efectos de la crisis. Esto ha influido de diferentes formas dentro del ámbito de la consulta diaria. Desde el punto de vista del ortodoncista que ha ejercido bastantes años, el primer punto ha sido el cambio de sentido en el momento de ordenar o pedir el material para el ejercicio diario de la consulta de ortodoncia.

Antes de la crisis, la mayoría de los ortodoncistas encargaban el material en orden a las previsiones de los casos que iban a comenzar con nuevos pacientes en la consulta. Ello permitía abaratar los precios a un material bastante caro de por sí. Al principio de la ortodoncia en España, era casi imposible los pedidos unitarios de brackets por caso o por lo menos yo no lo recuerdo. Además, no solo se pedían los casos de comienzo, sino que por asistir a un curso de un nuevo sistema de ortodoncia, era de rigor adquirir brackets y demás aditamentos del conferenciante de turno, como una forma de estar al día. Ello implicaba que el ortodoncista no miraba gastos para ofrecer lo mejor a sus pacientes y lo más caro. Después de tanto tiempo no lo más caro es lo mejor para ello sino el mejor planteamiento para individualizar el problema.

Conforme fueron pasando los años, los pedidos en ortodoncia se iban reduciendo no en facturación sino en almacenaje, ya que muchas veces se cambiaba de técnica rápidamente y se abandonaban brackets que funcionaban bien por la misma propaganda mágica que ofrecían las casas comerciales. Otro motivo fue que la capacidad de financiar el tratamiento solamente con la previsión de un número determinado de pacientes era como el cuento de la lechera y si fallaba ese número en un año, con la competencia que empezaba a haber, el cántaro se rompía. Hoy en día es raro el ortodoncista que no pida cada caso conforme inicia un tratamiento nuevo.

Con la crisis los ortodoncistas encuentran el valor del ahorro, de la búsqueda del mejor material a mejor precio, encontrando muchas veces que lo menos es más. No hace falta brackets de autoligado para disminuir el tiempo de tratamiento o carísimos alambres de titanio/cobre/molibdeno, cuando un buen alambre térmico de titanio consigue resultados espectaculares y en poco tiempo. También muchos de ellos se han encontrado de nuevo con los típicos alambres australianos que tan buen resultado daban en sus mejores tiempos, una vez que los han sacado del desván.

Lo bueno de haber invertido tanto en material es que nunca es obsoleto si se sabe utilizar bien, ya que el ortodoncista no olvida sus principios. Quizá es una buena época para una reactualización de principios, recordando y comparando los antiguos inicios con nuevas actitudes. Puede que ese sea el verdadero valor de la crisis, una nueva mentalidad, un cambio de cultura, otro paradigma mas cercano a la realidad que nos rodea.

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nov 23 2011

Motivación en ortodoncia

Publicado por Gilberto Salas en Perspectivas

Uno de los problemas que tenemos los ortodoncistas es la motivación a los pacientes. Ello depende en gran medida de la edad y sexo de los pacientes. Los pacientes menores de edad quieren agradar a sus padres y la motivación vendrá por parte de los padres o de la transferencia parental con respecto a la figura del ortodoncista. Mucho de la relación objeto-parental que tenga el paciente menor se reflejará en la relación con el ortodoncista, ya que para el niño será una figura autoritaria paterna o materna. Lo mismo ocurre en el adulto en cuanto a la relación de transferencia, con lo cual muchas veces el paciente puede establecer el mismo tipo de relación que tiene con sus padres, aunque sea interiormente.

Ello implica que el ortodoncista tiene que apartarse de transferencias positivas, que puedan implicar algún tipo de dependencia emocional y que el tratamiento se convierta en una adicción para los pacientes. Un trato excesivamente amistoso o muy comprometido emocionalmente, perjudicará al paciente, ya que este verá cosas que no existen solamente por acceder a la consulta del ortodoncista. Por otra parte, tampoco surte efecto la transferencia negativa o la falta de implicación emocional con el tratamiento del paciente, como si este fuera un objeto. La experiencia es el mejor aliado, y sobre todo, fijarse en uno mismo y en la relación intersubjetiva con el otro por empatía. De ese modo, se encontrara la justa medida para la motivación del paciente de ortodoncia.

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